jueves, 9 de febrero de 2012

CAPITULO IX

“Siembren para ustedes justicia,
Siembren cosecha de amor
aren su tierra sin labrar,
porque es tiempo de buscar a Elohim
hasta que venga y les enseñe justicia
 Oseas 10:12



IX

En la ultima tarde de nuestra estada en Cencrea, los hermanos se juntaron en tu casa para despedirnos, esa tarde había un número de hermanos mayor que de costumbre, llegaban con víveres y presentes para que lleváramos en el viaje, estaba tan Feliz de haberlos conocido, todos y cada uno de ustedes ocupaban un precioso lugar en mi corazón; por el amor que se profesaban mutuamente pude entender que realmente, sin tener lazos sanguíneos, eran una gran familia.
A pesar de tener muchos adversarios y de la superstición y los placeres sensuales que dominaban a la mayor parte de la población, el poder de Elohim estaba con ustedes manteniéndolos firmes en el amor y la verdad y obrando milagros a través de aquellos ungidos en el Rúaj.
El número de creyentes aumentaba día a día. De esta manera, testificando en el nombre Sagrado y realizando buenas obras la congregación crecía.
Allí reforcé un pensamiento que me acompañaba desde Pozzuoli, “No importa el lugar del mundo donde te encuentres, el verdadero amor es ese amor desinteresado que procura lo mejor para el otro, porque por un espíritu fuimos todos sumergidos en un cuerpo, sean judíos o gentiles, esclavos o libres, personas de cualquier nación. Y a todos se nos dio de beber de un mismo espíritu”. Ante Elohim somos todos iguales.
Aquí transcribo palabras que me escribió Shaúl, discípulo del más grande Maestro de todos los tiempos, para que queden registradas en la memoria y grabadas en el corazón de aquellos que persiguen el amor:
“Si yo hablara en lenguas humanas y angélicas y no tengo amor,
vengo a ser como bronce que resuena, o címbalo que retiñe.
Si tuviera profecía, y entendiera todos los misterios y toda ciencia;
Y si tuviera toda la Fe de manera que trasladara todos los montes,
y no tengo amor, nada soy.
Y si repartiera todos mis bienes para dar de comer a los pobres,
y entregara mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor,
de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno.
El amor no siente envidia. El amor no es jactancioso, no se engríe,
no es rudo, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
no se alegra de la injusticia, sino que se alegra de la verdad.
El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
Las profecías terminarán. Cesarán las lenguas. La ciencia tendrá su fin.
pero el amor nunca se acaba.
Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;
Pero cuando venga lo que es perfecto, desaparecerá lo imperfecto.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño,
razonaba como niño.
Pero cuando llegue a ser hombre, dejé lo que era de niño.
Ahora vemos en un espejo, oscuramente, pero entonces veremos
cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré cabalmente, como soy conocido.
Ahora permanecen estos tres dones: la Fe, la Esperanza y el Amor.
Pero el mayor de todos es el amor”.

A tu lado Febe, estas palabras tomaron mayor fuerza, porque la entrega y el amor que tú profesas solo puede ser brindado por una persona que camina con Elohim, el generador del único y más grande sentimiento, motor de todas las cosas.
La tarde se llenó de alegres melodías, los músicos de la congregación, como le decíamos a tu casa, estaban tocando desde temprano y los mas pequeños danzaban hermosamente. Me apenaba que Victoria y Erina no estuvieran con nosotros disfrutando de ese momento, pero me consolaba al saber que en Corinto encontrarían personas bellísimas, que las harían participar de reuniones como las nuestras.
Al caer la noche nos bendijeron y oramos todos juntos para que nuestro viaje fuera sin complicaciones y llegáramos sanos y salvos a destino.
Al amanecer el barco estaba por zarpar Rufo, Persis y los hermanos que habían venido desde Pozzuoli conmigo, subieron a bordo apresuradamente, tú me abrazaste y me pediste disculpas por no haber estado mas tiempo conmigo, pero yo te dije que mejor fue así, de otra manera hubiera sido de tropiezo para la labor que realizas. Además, ya estaba demasiado grande como para que dejaras tus tareas de lado por atenderme. Me diste tu bendición y con lágrimas en los ojos dijiste que me apresurara por que el barco ya salía.
Corrí enjugándome las lágrimas, y subí rápidamente al barco que nos llevaría hasta Yerushalayim.
El  barco era una nave de carga romana, poseía una larga bancada de remos que la impulsaban, y algunas recámaras en la parte inferior donde pasaríamos largas noches.
Persis y yo compartíamos un pequeño camarote y Rufo estaría con los otros hermanos en uno más grande.
De día subíamos a cubierta a tomar aire fresco y compartir los alimentos con los hermanos. De noche el frío era muy intenso y permanecíamos en nuestros camarotes.
Había momentos en que el barco se mecía con mucha intensidad por los fuertes vientos y orábamos para que el temor no se apoderara de nosotros. Persis se abrasaba fuertemente a mí mientras yo trataba de calmarla diciéndole que tuviera confianza en que todo saldría bien, porque era una misión encomendada por el Adón el que fuéramos a Yerushalayim y por esa razón contábamos con su divina protección.
Rufo nos avisó que ante la posibilidad de una fuerte tormenta desembarcaríamos en la isla de Creta en un puerto llamado Salmón hasta que el tiempo mejorara y pudiéramos continuar.
Al llegar los hermanos, se encontraron con algunos discípulos que nos invitaron a pasar con ellos los dos días que estuvimos en Salmón.
Eran personas muy amables y afectuosas, sus casas eran humildes, pero bellamente adornadas con flores y muebles que construían ellos mismos, algunos en madera que tallaban hábilmente dándole graciosas formas.
Mientras sus esposas nos atendían, comentaban que algunos habían conocido a Pavlos en Buenos Puertos y otros allí en Salmón, cuando, también por el mal tiempo que los azotó mientras se dirigían hacia Roma, debieron desembarcar en la isla.
Gozosos nos decían que muchos se convirtieron a la Fe por los milagros que realizaba el Rúaj de Elohim por medio de Shaúl.
Mientras reinaba la claridad salimos con Persis y Rufo a dar un paseo por el lugar. El paisaje era maravilloso, la vegetación era muy abundante y colorida, después de haber pasado bastante tiempo en el barco, mis ojos revivían con tanto color.
Nos asombraba la cantidad de habitantes que había en la isla y de diversas culturas. Se mezclaban, aqueos, dorios, pelasgos, sidonios o fenicios y los nativos del lugar. Debido a eso había templos de adoración de toda clase.
Los hermanos de Salmón se congregaban al igual que todos en sus casas.
El puerto era pequeño y no muy importante, el comercio y la exportación se realizaban en el puerto principal de Herakleion.
Entre los montes se podían divisar restos de antiguas fortalezas o castillos. Rufo nos decía que seguramente habían sido destruidos por terremotos porque había escuchado de ellos.
Al regresar nos ofrecieron dormir en unas cómodas camas hechas de troncos revestidas con pieles.
Los hermanos de Creta fueron muy generosos y complacientes con nuestras necesidades. Mediante su devoción, demostraban llevar una vida digna y una conducta piadosa;  muy comprometidos con la causa, trataban por todos los medios de imitar a nuestro Adón.

 En la isla tenían un gran y esforzado trabajo, puesto que la congregación apenas se componía por dos familias y algunos hermanos que vivían solos. Haciendo referencia a la cantidad que eran, uno de los hermanos llamado Sópater me dijo muy sabiamente: “No importa que seamos pocos hermana, nadie que sea ferviente y perseverante dejará de tener éxito. La carrera no es del veloz ni la batalla del fuerte. El mas débil, tanto como el mas fuerte, pueden llegar a alcanzar la corona de la inmortalidad, siempre y cuando, depositen toda la confianza en el poder y la Gracia de Elohim y pongan su vida en conformidad con la voluntad de Yahshúa Ha Mashiaj”. Y sin duda, no se equivocaba.
Antes de despedirnos y como era costumbre oramos por ellos y ellos por nosotros.
Había una nave que partía hacia Cesárea, puerto cercano a Yerushalayim. Decidimos embarcarnos en esa, ya que el barco romano estaría unos días mas en reparación, por unas averías provocadas debido a la fuerte tormenta pasada.
Gracias a nuestro Padre Celestial, el barco era fenicio. Seguramente viajaríamos más rápido, como cuando volvíamos de la isla de Egina a Cencrea.
Esta era una nave mucho más grande que la anterior, pero a pesar de esta diferencia, los aromas de la madera con la que estaba construida, y toda su estructura, era tan similar a la anterior, que era inevitable recordar sucesos pasados.
Se estaba cerrando un capítulo de mi vida en el que había conocido a muchas personas que me brindaron lo mejor de sí, como también aquellas que infringieron dolor a mi alma. Había vívido experiencias que antes nunca me hubiera imaginado, sentía mucha melancolía por aquellos que quizás nunca mas volvería a ver.
Agradecía a mi Padre Celestial por haberme sacado de la ignorancia en la que vivía y por utilizarme como instrumento para sus propósitos. También por poner en mi camino hermanos que me sostuvieron en los momentos de debilidad y ayudaron a reforzar mi Fe.
En esta leve y momentánea tribulación, mi alma se llena de gozo al escribirte Febe, porque sé que estos escritos serán guardados para las futuras generaciones, acuérdate de lo profetizado por los emisarios de nuestro Adón Yahshúa ha Mashiaj, que en el tiempo final, cuando el amor de muchos se enfríe y la violencia sea más, habrá burladores que andarán según sus malvados deseos, falsos profetas, obreros fraudulentos, que se disfrazarán de emisarios del Mashiaj. Habrá hombres y mujeres amantes de sí mismos,  avaros, vanagloriosos, soberbios, mentirosos, ingratos, impíos, desobedientes de sus padres, sin afecto natural, traidores, amantes de los placeres y del dinero mas que de Elohim, pero también habrá personas cuyo corazón, no será endurecido, ni su conciencia será cauterizada por estas cosas,  éstas escucharan el llamado del Rúaj de Elohim y buscaran la verdad, para ellas dejaremos registrado como fuimos las mujeres y los hombres de esta época, seguidores del Mesías, que nos amamos unos a otros como Él nos pidió, que luchamos por restaurar y preservar el Nombre Sagrado de nuestro Padre Celestial, para que cuando intenten borrarlo de la faz de la tierra, nuestro Elohim en su infinito poder lo haga resurgir.
Por eso estoy feliz de ser parte del plan de nuestro Adón y de dejar constancia de quienes fuimos y todo lo que hicimos por amor al Nombre. Estoy segura que éste será un grano de arena de todo lo que nuestro Padre puede hacer, pero es suficiente para mí saber que les ayudará a abrir muchas más puertas para poder continuar con esta obra de amor y de Fe hasta que vuelva nuestro Salvador.

Volviendo a mi relato de los hechos, los días eran interminables a bordo del barco. Se hacía cada vez más difícil el asearse y poder saciar las necesidades de nuestro cuerpo, para nosotras era aún mas complicado que para los hombres que ya estaban acostumbrados a los viajes largos. Gracias a Elohim, estaban en la nave, las mujeres de los remeros que se encargaban de la comida de sus esposos y de los pasajeros. Ellas nos enseñaron algunas cosas para que nuestra estadía a bordo fuera más amena y nosotras nos ofrecimos a ayudarlas en lo que necesitaran. De esta manera pudimos establecer una relación muy estrecha con estas mujeres que aunque eran de modales muy rudos, no dejaban de ser muy amables y comprensivas. Nuestro padre nos dio también la oportunidad de ganar almas para el en ese viaje.
Uno de los remeros se enfermó gravemente de manera que lo tuvieron que aislar en un camarote alejado de los demás. Su esposa, muy apenada, nos contaba sobre los dolores que atormentaban al pobre hombre y la fiebre que no cesaba. Uno de los hermanos llamado Apeles, discípulo de Shaúl, que fue ungido con el Rúaj de Elohim, no dudó en asistir al remero y entrando en su recámara, lo tomó de una mano y postrándose de rodillas, invocó a YaHWéH en el nombre de Yahshúa nuestro Salvador implorando por la sanación del hombre, sus ruegos fueron escuchados y al momento el remero se incorporó completamente curado y pidió que le llevaran agua por que estaba sediento. En ese instante su esposa, que estaba enmudecida e inmovilizada por lo que acababa de ver, reaccionó, abrazó y besó a su esposo. Dando gritos de alegría nos decía:
- ¡Adorado sea el nombre de su dios!,¡nunca vimos un poder semejante!, ¡Bendecido seas Apeles!.
Después de este acontecimiento, se reunieron todos en la superficie del barco a respirar un poco de aire fresco, los remeros y sus esposas celebraban por la recuperación milagrosa de su compañero, nos invitaron a compartir con ellos su festejo y aprovechando esta situación Apeles le dedico la celebración a nuestro Padre Celestial y entonó hermosos cánticos de adoración. Al terminar dijo con firmeza:
  - Ninguna imagen tallada o creada por manos de hombre puede obrar las maravillas que realiza Abba1 Yah, el único dios vivo. Ninguno de todos los dioses y santos creados por el hombre pueden igualar semejante poder, ahora hermanos escuchen con atención, Él envió a su Hijo, su único Hijo para que fuese sacrificado por nosotros para perdón de nuestros pecados. Su nombre es Yahshúa ha Mashiaj, aunque muchos ya han sentido oír sobre él y sus maravillosas obras, siguen ignorándolo, lo creen maestro, sabio, lo llaman loco, infame, agraviador, entre muchas otras cosas, su mente entenebrecida y su corazón endurecido no les permite ver que Él es la luz, y en Él no hay ninguna tiniebla. por medio de Èl recibimos la gracia y somos llamados escogidos para la obediencia de la Fe, por amor a su Nombre, en todas las naciones, entre las cuales también están ustedes llamados a ser de el Mashiaj Yahshúa.
Apeles se detuvo un instante, bendijo el agua y bebió, mientras todos aguardaban en silencio, con gestos de admiración en sus rostros, que procediera, y continuó diciendo:
    - “Amados hermanos, todos hemos caído de la gloria de Elohim, todos hemos pecado, pero somos justificados gratuitamente mediante la redención realizada por Yahshúa ha Mashiaj, a quien Elohim puso como medio de perdón por la Fe en su sangre, de esta manera Él demuestra su justicia al haber pasado por alto en su paciencia, los pecados pasados”. “Por esto dice YaHWéH, conviértanse ahora a mí, con todo su corazón, con ayuno, llanto y lamento”. El los escuchará, si su arrepentimiento es verdadero porque es bondadoso y clemente, lento para la ira, grande en amor, y pronto para desistir del castigo.
Después de decir estas palabras invitó a todos a ser inmersos en el Nombre, si así lo deseaban ni bien llegaran a la costa de Cesárea, Apeles sumergiría en las aguas a todos aquellos que aceptaran a Yahshúa como su Salvador.
A pesar de haber visto el milagro que se obró en su compañero, y de escuchar las palabras de Elohim que fueron dichas a través de nuestro hermano, solo algunos aceptaron.
Para eso nos fue concedido el libre albedrío, para que aceptemos a Elohim por amor y no por obligación. En esta  batalla entre el bien y el mal, hay un conflicto entre las fuerzas del infierno y las fuerzas de la justicia. Es en esta batalla, donde Elohim se limita voluntariamente. No viola nuestro poder de elección, por un tiempo El permite que esto siga su curso, de manera que todo el universo vea que el alejarse de El solo produce la muerte. Pero siempre esta intentando alcanzarnos, inclusive de formas impensables.
Estábamos orando con Persis en el camarote y de pronto detrás de la puerta se oyó a Rufo muy exaltado que nos decía:
 - ¡Vengan a ver, estamos por llegar a Cesárea!.

 






 Referencias:

1.      Abba.- (Del Hebreo), papá afectuosamente.